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Ger GERTZEN nace en Donostia-San Sebastián un 31 de... Era poco después de mediodía de un domingo (sobre las 15h15), en época de vacaciones y en día festivo en Gipuzkoa y en la vecina Bizkaia*. Por lo que fastidió a su madre una jornada triplemente festiva.

Si hubiera nacido un poco más cerca de mediodía, habría tenido, además del sol, el medio cielo en Leo, con lo cual él habría resultado (aún) más insoportable. También si su padre hubiera jugado limpio** dicho efecto sería acrecentado, pues en aquél entonces éste ganaba mucho mucho dinero*** y Ger (como el resto de su familia) habría podido crecer en el lujo, ser un auténtico engreído.

Pero no, le tocó crecer en una familia rota, con un padre que trataba a su madre de loca y a su hermano de subnormal. Y pasando estrecheces.

Sí, las preferencias de su padre pasaron de su hermano a Ger según ambos crecían. Al nacimiento de éste ni el padre ni el abuelo (paterno, del otro no le quedaba) lo apreciaron. Según ellos había salido a la madre. Poco a poco, no se sabe por qué, le fue cayendo cada vez mejor, hasta que se convirtió en su favorito.

Desde una edad temprana le atrae la lectura. De hecho, justo unas horas antes de su primera comunión (donde le tocaba leer el evangelio, eso de la última cena, tomad y comedy todo eso) su padre le enseñó a leer haciendo pausas en las comas y a parar la frase en los puntos. Se entrenó unos minutos y se enfrentó a la iglesia abarrotada. Pero de pánico escénico nada, ¡oye! Después fue felicitado por lo bien que había leído (por todo el mundo salvo por su tía, y madrina, MJ, que dijo que el cura le iba dictando qué leer a la oreja). Quizá esa experiencia lo llevó a aficionarse a la lectura, tal vez el hecho de haber aprendido a leer y comenzar a comprender lo que leía, también el hecho de que su padre era un lector empedernido. Otro tanto con respecto a su hermana (cuatro años mayor).

A sus diez años, enamorado locamente de una fugaz compañera de clase (que vino ese año y se largó dos más tarde) APM, quiso destacar en algo para atraerla (en el fútbol era pésimo, salvo los martes y trece, corriendo los había mejores, aunque fue siempre bueno en resistencia) y decidió que ese algo era la lectura. Al día siguiente se llevó un libro al cole y comenzó a leer durante los recreos. No le fue mal con la estrategia, ya que le permitió bastante intercambio (y no sólo de libros) con su amada. De todos modos, nunca supo si era correspondido.

A los 15 años escribió una redacción que le valió los aplausos de su profesora de literatura y de su tutora (la primera había llamado la atención de esta segunda, ambas íntimas amigas, de hecho, y compañeras de piso). Iban, al día siguiente, en clase, a empezar a estudiar a Gustavo Adolfo Béquer y la profa les pidió una redacción de una página que se llamara Los Ojos Verdes (ya que el autor a estudiar también tenía una obra, una leyenda, homónima). Ger ya había decidido dedicarse a la literatura, inspirado por los libros que iba devorando, y, al poco, comenzó su primer y último libro (al menos su libro más trabajoso) Alditilitil, que, como ya esperaba en aquél momento, le llevaría toda una vida escribirlo.

Pero la literatura no le daba de comer y tuvo que trabajar duro. La verdad es que con medio cielo en Virgo siempre ha sido un buen currela. Ya a los catorce (el verano que cumplía quince) se puso a trabajar (ilegalmente, pues hasta los 16 estaba prohibido) en un bar, de barman. Incluso antes que eso, con la decena corta ya ayudaba (junto con su hermano) a su tío mueblero a equipar casas, incluso subiendo frigoríficos y lavadoras por las escaleras, cuando no había ascensor o éste no era lo suficientemente espacioso***. Así se ganaba una perras para sus gastos (de cara a las fiestas patronales, sobre todo). Al día siguiente de cumplir 14 años, comenzaba un campo de trabajo de apoyo a los Traperos De Emaús, recientemente establecidos en su población, en el que él participó todo agosto los primeros días de septiembre. Ahí tuvo experiencias y relaciones que lo marcarían profundamente.

Antes, a los trece años, y siguiendo los pasos de su hermana, se sintió cristiano y se puso a andar por el camino de quienes intentaban seguir a Cristo de forma auténtica. Durante varios años esta vía lo motivaría y ayudaría a crecer y madurar, hasta que sus compis lo empezaron a coartar más que ayudar, pues le impidieron su evolución acuariana, ya que atacaron sus bases: su decisión de objetar conciencia de cara al servicio militar obligatorio (que luego derivaría en una completa opción por la no-violencia); su opción vegetariana; sus estudios de biología (encauzados hacia la especialización de ecología); su huerto ecológico. Tuvo que dejar todo esto de lado. Pero incluso lo que iba aprendiendo en (y decidiendo en relación a la) pedagogía, estudios que fueron favorecidos por su comunidad, no le dejaban aplicarlo: Ger empezaba a ser sospechoso de disensión, un poco peligroso, vaya, dadas sus posturas poco ortodoxas (un poco radicales y revolucionarias, vamos).

Y, para colmo, cuando aún era menor de edad, el cura líder de la comunidad empezó a abusar sexualmente de él. Curiosamente, mientras ese mismo cura y el resto de la comunidad impedían la evolución de su amor (correspondido) por una chica del mismo proyecto.

Pero eso lo cuenta él mejor que nadie en Gar, La Profetisa De La Era De Acuario. Así que, toca leerlo.

 

*Es que hasta hace muy poco no tenian ningún santo para nombrarlo patrón, por lo que, como en el fútbol, acudieron a la provincia de al lado para fichar un santo que, al menos, fuera vasco. Pero no nos metamos más en política ni en deportes violentos, que no son lo nuestro.

**Fue un adúltero consumado que abandonó a la pobreza a su familia oficial.

***Luego lo expulsaron de su empresa (de una conocida y prestigiosa marca de máquina-herramienta) cuando supieron lo de sus amores clandestinos. Con el dinero de la indemnización puso en marcha su propia empresa, pero ya nunca le fue tan bien, al menos en lo económico.

****Pour les saxon(ne)s aurait été les vendredis treize

**** O era para uso privado de algunos vecinos, quienes se habían puesto de acuerdo en instalar y pagar el ascensor. Por supuesto, el cliente del mueblero no hacía parte de esa élite privilegiada (era de la parte tacaña del inmueble) y les tocaba apechar por las escaleras rodeando el tan bello ascensor. Pero las leyesde Murphy son así de implacables, oye.