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MÁS

9.

 

 

8. Fue a finales de los 80, mientras en varios países latinoamericanos de la órbita de USA había dictaduras. Se juntaron ministros del la marina y de las armadas de los países de Sudamérica, Centroamérica y del Caribe. Debían elaborar un acuerdo general sobre aguas jurisdiccionales.

En una de esas, un delegado chileno, con sorna, le preguntó al ministro del ramo cómo es que en Bolivia había Ministerio del Mar.

Y este respondió: ¿y cómo es que en Chile hay Ministerio de Justicia?

Hubo quien disimuló su risa, hubo quien rió abiertamente.

 

 

7. Una familia inglesa pasaba unas vacaciones en Escocia y, en uno de sus paseos, observó una casita de campo que, de inmediato, le pareció cautivadora y decidió intentar alquilarla para su próximo verano.

Sus miembros indagaron acerca del dueño, resultó ser un pastor protestante al que se dirigieron para que les mostrase la finca.

El propietario se la mostró. Tanto por su confort, su decoración como por su situación fue del agrado de la familia, que quedó comprometida a tomarla en alquiler el próximo verano.

De regreso a Londres, hablando sobre la misma, repasaron al detalle cada habitación, haciendo sus planes y, de pronto, la esposa recordó no haber visto el W.C. Decidió escribir al pastor, preguntándole por ello en los siguientes términos.

«Estimado Pastor, soy miembro de la familia que hace unos días visitó su finca y que acordó alquilarla para nuestras próximas vacaciones y, como omitimos un detalle, ruego nos indique dónde queda el W.C

Finalizó la carta como es de rigor y se la envió al pastor. Al recibirla, el pastor, que desconocía la abreviatura corriente de W.C., creyendo que se refería a la Capilla a su cuidado llamada, Well Chapel, contestó a la señora en la siguiente forma:

«Estimada señora: Tengo el agrado de indicarle que el lugar al que Vd. se refiere, queda solo a 12 Km. de la casa, lo cual es molesto, sobre todo si se tiene costumbre de acudir con frecuencia; para facilitarlo y con el fin de aprovechar el viaje y la estancia algunas personas llevan la comida y permanecen allí todo el día. Algunos viajan a pie y otros en trenes con la esperanza de llegar puntuales. La primera vez solemos tener que esperarl@s: ya saben lo molesto que es llegar tarde la primera vez a un sitio, que todo el mundo te clave la mirada y lo peor sería que se perdieran por el camino.

La entrada se reconoce por las imponentes escaleras y una única puerta característica, adornada por los símbolos habituales. A la entrada se les da un papel a cada uno. Hay veces que no llega para todos: es entonces cuando los fieles deben compartirlo con su compañero de al lado. Debemos siempre recordar a más de uno que no deben llevárselo a casa, puesto que usamos los mismos papeles en muchas ceremonias.

El lugar es amplio y tiene grandes espacios y jardines. Las vistas son preciosas. Hay sitio para 400 personas sentadas y 100 de pie. Los asientos, reservables para VIPs, están forrados de terciopelo púrpura. El lugar tiene aire acondicionado para evitar sofocaciones. Aunque hace falta cierto esfuerzo para participar en este servicio, soy testigo presencial durante 30 años de que este ha ayudado a muchos feligreses en su vida diaria.

Los niños se sientan juntos y cantan a coro, haciendo diferentes voces. Todo lo depositado allí, se usa para dar de comer a los pobres del Comedor Social.

El año pasado, debido al número creciente de participantes en el servicio tuvimos que contratar un servicio de limpieza. Son gente experta y eficiente y, en un cortísimo espacio de tiempo, limpian la suciedad con la máxima satisfacción de los feligreses.

Se recomienda llegar temprano para reservar asiento. Mi vecina, por no hacerlo así, hace unos años, tuvo que soportar todo el acto de pie y desde entonces no viene al servicio.

Hay fotógrafos especiales que toman fotografías en diversas posiciones las cuales serán publicadas en el diario de la ciudad, en la sección VIDA SOCIAL, así el publico podrá reconocer a las altas personalidades en actos tan saludables como éste».

Así terminó la carta. Los Ingleses al recibirla estuvieron a punto de desmayarse a pesar de toda su flema y decidieron cambiar de lugar de veraneo.

 

 

6. Una anciana de unos setenta y cinco años coge un tazón y le pide al camarero que se lo llene de caldo. A continuación, se sienta en una de las muchas mesas del local. Pero, apenas sentada, se da cuenta que se ha olvidado del pan. Entonces se levanta, se dirige a coger un bollo para comerlo con el caldo y vuelve a su sitio.

¡Sorpresa! Delante del tazón del caldo se encuentra sin inmutarse un hombre de color, un negro, que está comiendo tranquilamente. ¡Esto es el colmo, piensa la señora, pero no me dejará robar! Dicho y hecho. Parte el bollo en pedazos los mete en el tazón que está delante del negro y coloca la cuchara en el recipiente.

El negro complaciente, sonríe. Toman una cucharada cada uno hasta terminar la sopa, todo ello en silencio. Terminada la sopa, el hombre de color se levanta, se acerca a la barra y vuelve poco después con un abundante plato de "espagueti" y... dos tenedores. Comen los dos del mismo plato, en silencio, turnándose. Al final se van.

— ¡Hasta la vista! —Saluda la mujer.

— ¡Hasta la vista! —Responde el hombre, reflejando una sonrisa en sus ojos. Parece satisfecho por haber realizado una buena acción. Se aleja.

La mujer lo sigue con su mirada, una vez vencido su estupor busca con su mano el bolso que había colgado en el respaldo de su silla. Pero ... ¡sorpresa! el bolso ha desaparecido. Entonces aquel negro... Iba a gritar ¡ladrón! cuando, ojeando a su alrededor ve su bolso colgado de una silla dos mesas más atrás de donde estaba ella, y sobre la mesa la bandeja con un tazón de caldo ya frío.

Inmediatamente se da cuenta de lo sucedido. No ha sido el africano el que ha comido su sopa, ha sido ella quien, equivocándose de mesa, como gran señora ha comido a costa del africano.

 

 

5. Tu médico nota que aumentaste de peso. Te prescribe SIBUTRAMINA.

La Sibutramina te hace perder unos kilitos, pero te genera una incómoda taquicardia. Vuelta al médico. Constata que, además del latido loco del corazón también tienes presión alta. Así que te receta LOSARTANA y ATENOLOL, este último para reducir tu taquicardia.

Ya tienes 35 años y tomas: Fluoxetina, Clonazepam, Sibutramina, Losartana y Atenolol. También te recetan un multivitamínico. Pero como el doctor no es dietista, te receta uno completo. Y tú lo compras.

Ya van unos 300€ por mês. Te puede resultar oneroso. Todo ese dinero gastado, supuestamente, en tu salud, corre para la industria farmacéutica. Empiezas a sentirte nervioso, preocupado y ansioso (pese a la Fluoxetina y al Clonazepam), pues las cuentas no cuadran al final del mes. Comienzas a sentir dolor de estómago y acidez. Tu intestino cae preso. Vas a otro galeno. Prescripción: OMEPRAZOL + DOMPERIDONA + LAXANTE NATURAL.

Los sintomas remiten, pero solo los sintomas, a pesar de la cagalera en que se convirtió tu flora intestinal. Otras quejas aparecen. Entre ellas, una particularmente perturbadora: a tus escasos 37 anos ya no tienes potencia ni deseo sexual. Tu libido está por los pies.

Para el doctor de la medicina centrada en parchear los síntomas, eso no es problema. Hasta te da a elegir la nueva pócima: SILDANAFIL, TADALAFIL, LODENAFIL o VARDENAFIL, puedes escoger, hasta por sorteo. Tu potencia mejora, pero, como consequencia, esos remédios te generan un tremendo dolor de cabeza, palpitaciones, te ponen amarillent@ y gripos@. No hay problema, el matasanos aumenta la dosis de ATENOLOL y te pasa el papelito de NEOSALDINA para que la tomes antes del sexo. Tal vez te desliza un remedio para tu chorreo nasal, lo que sobrecarga tu corazón.

Cuando todo parecía solucionado, a tus 40 anos, te das cuenta de que tus dientes se te pudren y caen (entre tú y yo, es por el antidepresivo). Prepara un dineral para gastar com el dentista. En esa misma época, otra constatación: tu memoria está fallando más que lo habitual. Otra visita médica: GINKGO BILOBA es lo que toca.

En los exámenes de rutina, tu azúcar está en 110 y tu colesterol en 240. Esta vez, en la hoja escribe METFORMINA + SINVASTATINA. Es para evitar la diabetes y el infarto, dice el paladín de tu salud.

A los 40 y pocos años, ya tomas: FLUOXETINA, CLONAZEPAM, LOSARTANA, ATENOLOL, POLIVITAMÍNICO de A a Z, OMEPRAZOL, DOMPERIDONA, LAXANTE NATURAL, SILDENAFIL, VARDENAFIL, LODENAFIL ou TADALAFIL, NEOSALDINA (ou “Neusa”, como chamam), GINKGO BILOBA, METFORMINA e SINVASTATINA (aclaremos, esto está muy lejos de ser saludable).

Unos 500 por mes y tu salud ausente.

Entretanto, continúas con depresión, cansado y engordando. Esta vez, tu alquimista particular te cambia la FLUOXETINA por DULOXETINA, un antidepresivo más moderno. Tras dos meses te sientes mejor (o un poco menos fatal). Pero, otro contratiempo surge: el nuevo antidepresivo te hace orinar lento y con chorro escaso. Te tienes que levantar dos veces por la noche para mear, un buen rato cada vez y con esferzo. Se fue tu sueño, ese descanso extremadamente necesario para tu salud. Pero eso es fácil para tu farmacéutico particular: TANSULOSINA, para ayudarte a en la micción. Pero ¡se acabó tu esperma!

Voy a parar aquí. Es deprimente. Eso no es medicina. Eso no es salud.

Esta historia termina con una situación cada vez más común: el DESPLOME TOTAL de tu salud. Usted está obeso, sin disposición, con una meada insufrible, sin erección ni semen, con memoria y concentraión deficientes. Diabético, hipertenso y com sospecha de cáncer. De los dientes ni hablo. El sobrepeso te reventó una rodilla (ya el médico habña de prótesis). Surge en tu cabeza la idea de hacerte UNA REDUCIÓN DE ESTÓMAGO, y localizar un PSICOTERAPEUTA para cuidar de tu salud mental también precaria.

Sin dinero, triste, ansioso, deprimido, pensando ya en acabar con tu menguada vida y... ENFERMO, muy enfermo. A pesar de los remédios (más bien a causa de ellos).

¿Y la industria farmacéutica? ¡Bien, gracias! Tras tu valiosa aportación durante años o décadas.

¿Y tu doctor? ¡Bien, gracias! Gracias a tu enfermedad (esa sembrada paso a paso em sua vida). Gana excelentes regalitos, viajes, promociones, enchufes.

 

 

4.

La cajera le preguntó a Dorothy cuántas bolsas de plástico necesitaría. Sin saber la respuesta, Dorothy comenzó a arrancar bolsas del rollo y a empacar los productos ella misma. Después de pagar sus cosas, la cajera se sumó a Dorothy a guarda en bolsas.

Mientras lo hacía, la operaria le echó una mirada a la anciana y le sugirió condescendientemente que empezara a traer sus propias bolsas de compras a la tienda porque “las bolsas de plástico no son buenas para el medio ambiente”.

Dorothy quedó sorprendida. Después de todos sus años de compras en el mismo supermercado, nadie le había molestado nunca por las bolsas de plástico que usaba.

Dejó de guardar las bolsas en su carrito y miró a la cajera que se dio cuenta de que Dorothy había centrado su atención en ella. Se mantuvo muy calmada y en su tono más cortés dijo: “No teníamos esta cosa verde en mis días”. Luego, Dorothy se tomó un momento antes de decir una gran verdad.

La cajera sentenció: “Ese es nuestro problema hoy. A su generación no le importó lo suficiente como para salvar nuestro medio ambiente para las generaciones futuras “. Dorothy respondió:

“En ese entonces, devolvíamos a la tienda las botellas de leche, refrescos y cerveza”, dijo. “La tienda los enviaba de vuelta a la planta para ser lavados, esterilizados y rellenados, por lo que podían usarse una y otra vez. Eso sí era reciclar. Pero no teníamos la “cosa verde” en nuestros días.”

Dorothy siguió hablando. “Las tiendas de comestibles empaquetaban nuestras compras en bolsas de papel marrón que reutilizábamos para muchas cosas. Lo más memorable, además de las bolsas de basura domésticas, fue el uso de bolsas de papel marrón como cubiertas de libros para nuestros libros escolares.

Así era para asegurar que la propiedad pública (los libros provistos por la escuela) no se arruinaran. Ahí podíamos personalizar nuestros libros en las bolsas de papel marrón. Pero, no hicimos la “cosa verde” en ese entonces.”

Dorothy seguía hablando, y la fila detrás suyo, creciendo. La cajera probablemente estuviera más interesada en continuar con el resto de los clientes que habían comenzado a acumularse detrás de Dorothy.

Si bien la mayoría de ellos estaban con ganas de pasar por caja e irse, algunos se mostraban bastante intrigados por la situación. Se podría decir que el discurso de Dorothy estaba tocando una fibra sensible en algunos de los espectadores en la cola y su conversación con la cajera se había vuelto de interés común.

Dorothy continuó empacando sus compras en el carrito mientras hablaba con la cajera. “Subíamos las escaleras porque no teníamos una escalera mecánica en cada tienda y edificio de oficinas".

"Caminábamos hasta el supermercado y no nos subíamos a una máquina de 300 caballos de fuerza cada vez que teníamos que recorrer 200 metros. Pero tienes razón. No teníamos la cosa verde en nuestros días.” Dorothy estaba haciendo una buena observación acerca de cuán “más verdes” habían vivido las generaciones anteriores, al menos en ciertos aspectos…

Dorothy continuó con su discurso. En este punto, la mayoría de los clientes se habían callado. “En ese entonces, lavábamos los pañales del bebé porque no teníamos los descartables".

"Secábamos la ropa al aire, no en una máquina que consumía energía para secar las vestimentas. La energía eólica y solar realmente secaban nuestra ropa entonces. Los niños heredaban la ropa de sus hermanos o hermanas, no siempre ropa nueva. Pero, señorita, tiene razón; no teníamos la cosa verde en nuestros días.”

"La televisión se ha convertido en algo central para el núcleo familiar lo largo de los años y, poco después de ser lanzada al mercado en los años 50, los televisores llegaron a casi todos los hogares".

“En aquel entonces teníamos un televisor o una radio en la casa, no un televisor en cada habitación. Y el televisor tenía una pantalla pequeña del tamaño de un pañuelo, no una pantalla del tamaño del estado de Montana “. Esa referencia hizo reír a un cliente.

Dorothy se dio cuenta de que estaba alargando la fila, pero en la cara de los demás clientes solo parecía haber interés por lo que esta anciana con buena memoria tenía por decir al respecto.

Nadie imaginaba lo que Dorothy diría a continuación, pese a que la mujer parecía tener a la audiencia cautivada con el mensaje que estaba transmitiendo a las generaciones más jóvenes. Y es que aún le quedaba por decir un par de cosas…

Dorothy continuó con su discurso. Pasó a las cocinas esta vez y habló sobre cómo las cosas habían cambiado a lo largo de los años con respecto a las tareas más simples cuando se trataba de preparar la comida.

“En la cocina, mezclábamos a mano porque no teníamos máquinas eléctricas para hacer todo por nosotros”. Dorothy confirmó sus palabras flexionando ligeramente el brazo para mostrar sus músculos, a modo de broma. Las carcajadas entonces fueron genuinas y colectivas.

Dorothy continuó diciendo: “En ese entonces, no encendíamos un motor ni quemábamos gasolina solo para cortar el césped. Utilizábamos una cortadora de empuje que funcionaba con energía humana.

"Hacíamos ejercicio trabajando, por lo que no teníamos que ir a un gimnasio para correr en cintas que funcionan con electricidad. Pero usted está en lo correcto; no teníamos la cosa verde en aquel entonces. En cierto modo, esta es una forma mucho mejor de estar en forma, ya que no parece que estés haciendo el ejercicio tradicional".

Dorothy comenzó a guardar las últimas bolsas en el carrito y a hablar sobre transporte público y transporte personalizado. ¡Era como si estuviera dando un discurso moderno sobre el cambio climático!

Continuó diciendo: “En ese entonces, la gente tomaba el tranvía o el autobús y los niños iban en bicicleta a la escuela o caminaban en lugar de convertir a sus madres en un servicio de taxi las 24 horas en el monovolumen familiar de 45.000$, pero eso fue antes de la cosa verde

Dorothy había comenzado a redondear su discurso tocando el tema de los teléfonos celulares y cómo la generación moderna estaba totalmente conectada a una forma eléctrica de estimulación las 24 horas del día, los 7 días de la semana.

“Teníamos una toma de corriente en una habitación, no un banco completo de tomas para alimentar una docena de aparatos. Y no necesitábamos un dispositivo computarizado para recibir una señal emitida por satélites a 23,000 millas del espacio para encontrar la hamburguesa más cercana.”

Nuevamente, se escucharon risas.

Cuando el discurso de Dorothy llegó a su fin, ella comenzó a empujar su carro para dejar pasar al siguiente cliente. El discurso solo duró unos 2 minutos, pero la cantidad de temas que tocó, lo hizo parecer más largo.

Se dio cuenta de que había expresado su opinión al mirar la cara de la cajera, una vez condescendiente, que ahora estaba atónita por la reacción de Dorothy a su simple comentario sobre el uso de demasiadas bolsas de plástico.

Cuando Dorothy terminó su discurso, sacó su carrito del pasillo y se dirigió a su automóvil. Tras dejar clara su opinión al respecto, estaba satisfecha y lista para marcharse.

Sin embargo, sin saberlo Dorothy, alguien en la cola detrás de ella había estado grabando su discurso. Mientras Dorothy conducía a su casa, ansiosa por guardar sus comestibles y descansar por el resto de la tarde, no tenía ni idea de lo que pasaría a continuación…

Dos días después, y de forma inesperada, el discurso de Dorothy llegó a Internet. ¡Una de las personas en la cola había grabado y publicado su discurso palabra por palabra!

Es probable que leerlo en voz alta tenga mucho más sentido que el incidente en sí mismo, pero parecía que las personas en la cola detrás de Dorothy no habían sido las únicas privilegiadas en disfrutar de su discurso. ¡La publicación termino siendo compartida más de 2.2 millones de veces!

Muchas de las personas que se toparon con el artículo se conmovieron con la sabia y honesta opinión de Dorothy. Recordaron así lo mucho más eficaz que puede ser vivir una vida simple para garantizar que el medio ambiente y todos aquellos que la comparten tengan una mejor calidad de vida.

La mayoría de las personas en comentar la publicación estaban muy preocupadas por los desechos plásticos y sus efectos. El punto de Dorothy había removido algo en ellos.

El sencillo y humilde discurso de Dorothy en un pasillo del supermercado tuvo un efecto mucho mayor en la comunidad. La mayoría de gente interesada en la historia de Dorothy compartió su punto de vista, profundamente preocupados por la Tierra y la forma de vida más sencilla del pasado.

A pesar de hacer algo increíblemente simple, el discurso de Dorothy había marcado una gran diferencia en las percepciones de las personas sobre las generaciones mayores y su rol en el cambio climático.

En muchos sentidos, la historia de Dorothy había llegado calado. En primer lugar, desmentía el mito de que la mayoría de los problemas del calentamiento global estaban directamente relacionados con las generaciones anteriores.

Si bien hoy entendemos que la mayoría de ellos no tenía idea del daño que sus sectores de fabricación estaban causando al medio ambiente, muchas de las cosas cotidianas que hacían eran menos contaminantes de lo que tratamos hoy. También nos recordó la importancia de respetar a los mayores.

Dorothy demostró que ser viejo significa que mereces un poco de crédito adicional y que su experiencia y su punto de vista valían mucho, incluso si creíamos que estaba un poco fuera de onda con los tiempos actuales.

Eso no desacredita su opinión y, de hecho, es algo que nosotros, como una generación más joven, deberíamos apreciar más. También demostró ser una abuela sin pelos en la lengua, que no temía expresar su opinión. ¡No cabe duda que es una abuela genial!

 

 

3.

Un día, por la mañana, un hombre se acercó a Buda y le preguntó:

— ¿Existe Dios?

Buda miró al hombre un momento y le dijo:

— Sí.

El hombre no podía creérselo, porque había oído que Buda no creía en Dios.

Por la tarde vino otro hombre y preguntó lo mismo:

— ¿Existe Dios?

Y Buda dijo:

— No, en absoluto.

Ananda, fiel seguidor de Buda, que había presenciado ambas conversaciones, se quedó muy confundido, aunque no interfirió y, como tenía costumbre, atesoró la anécdota para consultársela al maestro antes de irse a dormir, en la intimidad.

Al caer la noche, vino un tercer hombre, se sentó delante de Buda y le preguntó:

— Unos dicen que Dios existe, otros que no existe... ¿Qué me dice usted de Dios, maestro?

Buda lo miró, cerró los ojos y permaneció en silencio. El hombre también cerró los ojos. Ambos estuvieron sentados en silencio durante, aproximadamente, una hora. Al cabo de ese tiempo, el hombre se fue activando, tocó, con reverencia, los pies de Buda y le dijo:

Gracias, maestro, por tu respuesta!— Y se alejó.

Ananda uno de sus discípulos y primo de Buda no podía comprender que hubiera dado tres respuestas diferentes a la misma pregunta y en un mismo día. Y le espetó a su maestro dijo que debería pensar en sus discípulos o que se volverían locos.

Buda respondió:

— Debes recordar una cosa. En primer lugar, esas preguntas no son tus preguntas; esas respuestas no te han sido dadas a ti. ¿Por qué entras en esto? No tiene nada que ver contigo. Ha sido entre esas tres personas y yo.

Ananda dijo:

— Puedo entender eso. No son mis preguntas y tú no me has respondido. Pero tengo oídos y puedo oír; he oído las preguntas, he escuchado las respuestas. Y las tres se contradicen.

Buda dijo:

— Piensas en la vida en términos absolutos, ese es tu problema, Ananda. La vida es relativa. Para el primer hombre, la respuesta es sí; la respuesta tiene que ver con él y con las implicaciones de su pregunta, de su ser, de su vida. Ese hombre al que le he dicho que sí era un ateo; no cree en Dios, y yo no quiero apoyar su ateísmo. Va proclamando por ahí que Dios no existe. Pero incluso si te dejas un pequeño espacio por explorar… tal vez en ese espacio exista Dios. Solo puedes decir con absoluta certeza que no hay Dios cuando has explorado la totalidad de la existencia. Y eso sólo es posible al final, y ese hombre simplemente creía que no hay Dios, pero no tenía la experiencia existencial de que Dios no existe. Mi sí era en relación con su persona, con su personalidad. La misma pregunta de otra persona habría recibido otra respuesta.

Y eso es lo que ocurrió cuando dije “no” a esa segunda persona. La pregunta era la misma, pero el hombre que las pronunciaba era diferente. Es relativo. El segundo hombre era tan “tonto” como el primero, pero estaba en el polo opuesto. Él creía en la existencia de Dios, y había venido aquí para que yo refrendara su creencia. Yo no refrendo las creencias de nadie, porque las propias creencias son el obstáculo.

Por último el tercer hombre vino sin creencias. No me ha preguntado “¿Existe Dios?". Ha venido con el corazón abierto, sin mente, sin creencias, sin ideologías. Era un hombre sano, inteligente. Me ha preguntado “¿Qué me dice usted de Dios, maestro?” No estaba buscando que alguien apoyara su sistema de creencias, no estaba buscando una fe, no estaba preguntando con una mente llena de prejuicios. Y me ha preguntado por mi experencia.

He podido ver que ese hombre no tenía creencias en un sentido o en otro, es una persona inocente. Con una persona tan inocente, el lenguaje pierde sentido. Sólo el silencio sirve como respuesta. De modo que he cerrado los ojos y he permanecido en silencio. De esta forma ha comprendido mi respuesta, que Dios no es una teoría, una creencia con la que puedes estar a favor o en contra. Por eso me ha dado las gracias por la respuesta.

Ha recibido la respuesta de que el silencio es estar con Dios; no hay otro dios que el silencio. Y se ha ido tremendamente satisfecho, contento.

Ha encontrado la respuesta. Yo no he dado respuesta, él la ha encontrado…

 

 

2.

Un día muy caluroso Buda caminaba por el bosque junto a Ananda. Estaba cansado, tenía mucha sed. Dijo lo siguiente:

— Ananda, regresa al arroyo que atravesamos a la mañana, lleva mi cuenco de mendicante y tráeme un poco de agua, estoy muy sediento.

Ananda regresó al río, al llegar algunas carrozas lo habían cruzado y el agua estaba muy turbia. Ananda volvió con su maestro y le dijo:

— Más adelante hay otro arroyo. Caminemos un poco y allí podremos beber agua.

— No, Ananda, regresa al arroyo que te pedí. Si el agua esta todavía turbia, siéntate a esperar. Cuando se ponga transparente podrás traerme un poco de ese agua. Ananda hizo caso a su maestro, aunque se sentía enfurecido por la situación y el calor y su propia sed no ayudaban. Cuando llegó el arroyo ya estaba aclarándose. Se sentó a esperar. Durante dicha espera observó que el agua se ponía translúcida.

— ¡Ahora entiendo lo que Buda me quiso enseñar! —Se dijo Ananda.— El arroyo es como mi mente. Hoy estaba muy confundida, llena de pensamientos, eso me produjo una gran rabia. Cuando me senté a esperar mis pensamientos se fueron decantando como el arroyo y mi mente se volvió clara y transparente como la de un niño.

Ananda regresó contento, cantando. Entrego el agua a su maestro y se arrodilló tocando sus pies, en actitud de agradecimiento.

— No entiendo por qué has hecho eso, Ananda. Soy yo quien te tiene que agradecer, estaba muy sediento y me conseguiste agua para calmar mi sed.

— No, mi señor. Te agradezco mucho lo que has hecho por mí. Ahora comprendo tu gran lección.

 

 

1.

Durante un juicio, en un pequeño pueblo de Arequipa, el abogado acusador llamó al estrado a su primer testigo, a una mujer de avanzada edad. El Abogado se le acercó y le preguntó:

— "Sra. Sánchez, ¿sabe quién soy?" 

Ella respondió:

— Sí, lo conozco, Dr. Garza. Lo conozco desde que era un niño y, francamente, le digo que usted resultó ser una gran decepción para sus padres. 
Siempre miente, cree saber de todo, es muy prepotente, abusivo, engaña a su esposa y lo peor de todo, manipula a las personas. Se cree el mejor de todos cuando en realidad no es usted nadie. 
Claro está que sé quién es Ud.

El abogado, perplejo, sin saber exactamente qué hacer apuntó hacia el fondo de la sala y le preguntó a la Sra. Sánchez: 

— ¿Conoce al abogado de la defensa?

Nuevamente, ella respondió:

— Por supuesto. También conozco al Dr. Sanchez desde que era un niño. Es flojo, medio marica, y tiene un problema con la bebida. No puede tener una relación normal con nadie y es el peor Procurador del Estado. Sin mencionar que engañó a su esposa con tres mujerzuelas diferentes.  Una de ellas era la esposa suya. ¿Recuerda?  Claro que lo conozco. Su mamá tampoco está orgullosa de él.

El abogado de la defensa casi cae muerto.

Entonces el Juez llama a los dos abogados para que se acerquen al estrado y les dice:

— Si uno de ustedes, par de pelotudos imbéciles, le pregunta a esta señora si me conoce a mí, lo mando a la silla eléctrica.