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¡Por fin libre!

¡Vuelvo a la libertad!

¡Se acabaron las ataduras!

¡Adiós a los maltratos!

¡No más tortura!

Los últimos meses han sido un infierno.

Nos destrozaron la existencia.

Nos esclavizaron.

Acabaron con nuestras vidas.

Antes...

¡Antes era la gloria!

Vivíamos en paz, en nuestra tierra, en plena naturaleza.

Las relaciones, las vivencias, los sabores, los sonidos, los olores... eran armónicos, sanos, naturales, agradables...

Las relaciones francas y sinceras, simples y directas.

Una vida sin problemas, modesta, sobria, humilde.

No queríamos nada más. No necesitábamos mucho.

Vidas sencillas.

Simples.

Apenas con nuestras necesidades cubiertas.

Necesidad de aire, de luz, de alimentos sanos, de fiesta, de compañía, de apoyo, de ayuda, de amor.

Lo teníamos todo.

¡Éramos libres, éramos felices!

Hasta que llegaron aquellos hombres pálidos. Con sus múltiples ingenios, su codicia, su violencia.

Nos capturaron, y, entre rudeza y vejaciones, nos hacinaron y nos transportaron muy muy lejos.

En unas chozas andantes enormes. Nunca habíamos visto nada parecido.

Éramos centenas en minúsculas estancias mal iluminadas, peor ventiladas. Y sin ninguna higiene, Nos dieron de comer asqueroso, teníamos que hacer nuestras necesidades allí mismo, encima nuestro, vivíamos entre nuestros orines y nuestras heces.  Sobre todo nuestros pequeños.

¡Repelente! 

¡Vomitivo!

¡Indigno!

¡Inhumano!

Nos quitaron la luz, el aire, la movilidad, nos robaron toda estima.

Meses de reclusión, de hierros, de golpes, de odio, desprecio y maltrato.

Pero eso no era todo: algunos de los nuestros tuvieron que hacer durísimas tareas para ellos, jugarse la vida, perderla.

Hasta hubo quien fue sacrificado por mera diversión de estos crueles seres.

Otros fueron intercambiados por eso que tanto codician esta bestias, por lo que matan y mueren, por esas piedras planas y brillantes.

Y, al resto, nos esperaba lo más duro: ser despojados de lo poco que nos quedaba.

Nos llevaron a un lugar que olía a muerte. Nos dejaron sin comer ni beber, horas, días, en medio de la angustia, y de nuestros desechos.

Y eran abundantes y pestilentes, pues, tantos meses marinados en nuestra propias deyecciones y micciones, vómitos, flujos y puses terminamos por sufrir todo tipo de enfermedades y trastornos.

Pero lo peor era escuchar los gemidos y llantos de nuestros menores, que nos habían arrebatado y habían puesto aparte.
Las madres no podíamos más que gritar, en respuesta a la desesperación de nuestros seres amados. Y eso no hacía más que multiplicar la angustia y redoblar los gemidos.

¡Círculo vicioso de espanto y sufrimiento que se retroalimentaba a cada ciclo, a cada rato, especialmente por las noches!

Nos agotó la falta de sueño, pero, más, estar en una constante fricción y alerta emocional.

Así hasta hoy. Nos han hecho salir en fila de la nave, obligándonos a circular por interminables corredores, entre golpes e improperios, nos van aislado, y, despiadadamente, nos van asesinando.

Lo intentan.

¡Hay a quien han tenido que rematar trece veces!

Luego nos vuelven a colocar una cadena, que nos arrastra y eleva, y, así, colgados boca abajo, nos despiezan.

Puedo ver mi cadáver, lo que ha sido mi cuerpo, colgado de una pata (¡perdón! "cuarto trasero" es la terminología oficial ahora), mientras terminan de seccionarme la cabeza tras haber dejado correr todo mi rojo fluido vital.

Otras de mis compañeras, por delante y por detrás de mí en línea, muestran, retratan, diferentes estadios de esta macabra cadena de muerte, cual fotogramas de la secuencia más sangrienta de una película de terror.

Algunas aún restan vivas mientras las abren y descuartizan. Se debaten... Se resisten... Se aferran a la más minúscula brizna de vida. Las rematan a golpes de machete.

O a garrotazos de barra, creando indescriptible dolor de atroz forma.

Ha sido horrible, pero... ahora...

Se acabó toda preocupación, inquietud, turbación, malestar, iniquidad, intranquilidad, quebradero, incertidumbre, desuelo, mezquindad, zozobra, alarma, desasosiego...

¡Por fin vuelvo a ser libre!


NOTA: 
El título, como habrás podido adivinar, son las consonantes de "eSPeCiSMo", la tendencia ideológica a considerar(nos) una especie superior a las otras y permitir la dominación y explotación de estas, justo lo opuesto a "veganismo".


Por si a alguien le cuesta creer que lo que en este relato se describe ocurre realmente:
- https://www.youtube.com/watch?v=-g72R-VumaY
- https://www.youtube.com/watch?v=yHEa_copFVo
- https://www.youtube.com/watch?v=LzvsS17ptzE
Estas tomas con cámara oculta infiltrada causaron el cierre del matadero y el despido de sus protagonistas "de dos zarpas". Los "demás" protagonistas son "despedidos" en "piezas" que, obviamente, es más desavantajoso.

Una visión un poco más global de la problemática (en francés):
- https://youtu.be/oXlhfLCQkVQ?list=PLaqPfBnj8_CVaVDktrgo7SiUb4D-m4A3N

Otros dos buenos vídeos que explican toda la podredumbre y corrupción escondida tras la industria alimentaria:
- "Alimentos SA" (https://www.youtube.com/watch?v=BMhCrXgG05I) y 
- "El Mundo Según Monsanto" (https://www.youtube.com/watch?v=B_VUfvTG-9M)

Se puede ver claramente en ellos que el nuevo nazismo, que intenta apropiarse del Mundo, de todos los recursos y someter todas las voluntades, es de clave económica.

Si el hecho de saber que hay un montón de sufrimiento detrás no te motiva a dejar de comer al prójimo, tal vez te parezca más convincente los motivos económicos y ecológicos: la mayor parte del efecto invernadero (concretamente el 51%) viene de la cría de animales (y de vegetales para cebarlos) así como la mayor parte del deterioro medioambiental, como, por ejemplo, la destrucción de bosques tropicales.
https://www.youtube.com/watch?v=NShpc-jQEZY

Y, para no incomodar a la gente, las ONG y agencias medioambientales, pese a saberlo, no hacen nada al respecto.

Si realmente te interesa salvar el Planeta, es imprescindible verlo y difundirlo.

Ger GERTZEN