castellano
euskara
français
português

gergertzen@=.eu

BIOGRAFÍA

SUPERVISIÓN

ESCRITOS

Poesía

Relatos breves

Chistes

Cultura

Espiritualidad

Opinión

Gramática

LIBRO DE DECLAMACIONES

FRASES DE ORO

BIBLIOGRAFÍA

PENSAMIENTO

 

¡Diez años!

¡Ya han pasado diez años desde que me enviaron a este lugar solitario!

No, no me enviaron solo. ¡Me enviaron con toda una guardería!

Tampoco era el plan inicial, enviarme a hacer de canguro. Es que el resto de adultos murieron al amerizar en un planeta con... ¡Sorpresa!

Y es que eso pasa, al menos puede pasar, cuando se hace un envío de varias décadas de viaje, con tan pocas referencias ciertas. Casi a ciegas.

Y a ciegas, dormido, hice el viaje más largo que jamás ningún humano había afrontado. Bueno, unos cuantos más que viajaban conmigo.

Tampoco habría podido ver gran cosa durante los 18 años terrestres de viaje, en caso de no haberlos hecho en hibernación profunda: ni había ventanillas en la nave, y, si las hubiese habido, tampoco mucho para ver: estrellas y más estrellas sobre fondo negro. ¡Mejor aprovechar para dormir profundamente!

Los científicos que descubrieron "un planeta habitable", el único conocido con características casi calcadas a las de la Tierra, lo hicieron basándose en los pocos datos disponibles. La espectroscopía hablaba de un 76% de nitrógeno, de un 22% de oxígeno, de una superfície cubierta por agua líquida en un 57%, temperaturas suaves... Todo muy similar a nuestro Planeta Madre, sí.

Un viaje a 0,8C, que significa casi la velocidad de la luz. durante poco más de 18 años de viaje. Estamos a 14'5 años luz de la Tierra.

Ninguna esperanza de volver. Ni tecnología ninguna para hacerlo. La verdad es que lo que dejamos atrás no me estimula mucho a regresar: el Planeta estaba diezmado en recursos, supercontaminado, excesivamente poblado, su clima y paisaje arrasados, las guerras y conflictos lo desbordaban.

Hasta las colonias de la Luna y las de Marte estaban igual... Sí, nuestro planeta vecino se consiguió terraformar (o terradeformar) empezamos... ¡Empezaron! ¡Prefiero no tener nada que ver con todo eso! Empezaron...a ocuparlo.

¡Pero hasta allí se extendieron las egoístas luchas de intereses y de dominio!

Es por eso que, en busca de lugares habitables alternativos, la Agencia Espacial De Las Democracias Libres, organizó esta colonización. Una huida adelante.

Lo que me jode es que me hicieran la encerrona.

¡Sí!  Sé que no contaban con mucho tiempo. Pero que, al menos, ¡Me hubieran dejado despedirme!

¡No!  ¡Nada de eso! Con la excusa de hacerme las pruebas previas de criohibernación, el test de mi supuesta compatibilidad con ella, por si las moscas, me metieron en una nave, supongo que con esa treintena de personas (y personitas) engañadas del mismo modo, y... ¡Hop!  Me enviaron al culo de nuestra Galaxia.

Más lejos que lo que nada ni nadie nunca estuvo de la Tierra. Poco nos costó batir la distancia de las Voyager, dejarlas en nada. Y los posteriores récords también los pulverizamos. La tecnología funcionó bien, alcanzamos en unos pocos años distancias impensables unas décadas antes.

Lo malo es que no tenían ni zorra idea de dónde me enviaban.

Sí. Acertaron con que esta Tierra II resulta compatible con nuestro tipo de vida: similar tamaño a nuestro Vieja Matria, temperaturas aceptables, oxígeno, agua dulce, mares, alimento, recursos vírgenes a saco... Pero ni se dieron cuenta, ni siquiera, de que se trataba de DOS planetas gemelos. Demasiado cercanos.

¿Qué quiere decir eso?  Pues que las variaciones gravitatorias y mareales son enormes en ellos, debidos a sus mutuas masas y atracciones.

Había oído o leído en alguna parte que la Luna había nacido de una escisión de la ProtoTierra+ProtoLuna debido a un gran impacto espacial. Que, inicialmente, la joven Luna, bastante ahuevada, quedaba tan cercana a la Tierra que, sus mareas eran de miles de metros de desnivel. Luego se fueron distanciando y las mareas remitieron. Pues aquí pasa algo parecido a eso tan lejano en el tiempo, pero de forma permanente. Al menos, aquí pasa aún.

Cuando salimos de la Tierra (en realidad durante toda mi vida y varias generaciones más, antes) la Luna ya era, a nuestros ojos, evidentemente más pequeña que el Sol. Tenía leído u oído que un intento de crear un puente entre planeta y satélite había sído desastroso y supuso la ampliación de la brecha, unas cuantas décadas antes. Pero no sé más al respecto.

Me habían contado que, en otras épocas históricas, los desniveles mareales podían llegar, en algunos lugares del Atlántico, hasta a unos veinte metros. Yo no conocí mayor desnivel que unos 5 metros máximo en la bahía de Fundy, en América del Norte, donde anteriormente se batía el récord de forma mucho más marcada.

Pues aquí, en este "maravilloso" sistema binario, la amplitud mareal es de casi 400 metros. Eso, al generar alguna colisión, es lo que destrozó parte de nuestra nave espacial, la inundó, mató a mis nueve compañeras y compañeros adultos y me dejó solo, con una veintena de mocosos y mocosas.

A mí me habían seleccionado por mi carácter aventurero, supongo, también porque soy un hombre de recursos (sé hacer un montón de cosas decentemente, aunque no sea realmente especialista en ninguna de ellas, y he podido sobrevivir en casi cualquier medio y condiciones), y, tal vez, mi titulación de pedagogo hubiera tenido algo que ver también en la selección. Eso nunca me lo comunicaron.

¡Desde luego que, el que sobrevivió, yo, tuvo que hacerse cargo de una buena troupe de menores!

El razonamiento que guió a nuestros remitentes (permitidme el calificativo) para tal decisión de enviar tantos bebés —aparte de aligerar, en lo posible el peso, con lo que se conseguía mayor aceleración, lo que redundaba en una superior velocidad de crucero— debió de ser el que quienes vinieran, se habituaran lo mejor posible al nuevo medio. Era más fácil si no venían con los vicios y costumbres de la Tierra.

Para ayudarlas a eso estaba (quedaba) yo. Bueno, todo eso lo detallo más adelante.

Durante las fases de selección y, sobre todo, durante la de preparación, conocí a toda la tripulación adulta de la nave. Hicimos trabajos cooperativos, afrontamos desafíos de entrenamiento, prolongadas convivencias (cuya duración ignorábamos, a propósito) en las condiciones más variadas y difíciles, muchos exámenes y pruebas de selección. Fueron casi seis meses de criba, en la que, de unos dos millones y medio de candidatos iniciales, unos pocos millares tras los exámenes preliminares y unos mil en la propia fase de preparación, quedamos nada más que diez.

Me gustó, mucho, todo lo que aprendí y experimenté en ese tiempo. Y todo ello me ha sido muy útil aquí.

Pero formar una nueva sociedad, una nueva civilización, yo solo con 20 menores, es todo un desafío. Y eso es poco decir.

Al principio desesperé, casi caí en la depresión. Estaba, para más complicaciones, enfermo, bronquítico a raíz de la inundación de la previa a despertarme y la hipotermia sufrida, quién sabe durante cuánto tiempo.

Pero tuve que reaccionar rápidamente. 20 enanas me lo exigían.

Dormí muy poco durante meses. Al final, el apoyo de las niñas más adultas (pese a que tuvieran apenas tres años) en los cuidados de los más jóvenes, y el hecho de dormir todos amontonados, como lobitos —una idea nacida de la desesperación insómnica— nos sirvió para salir adelante.

¡Pudimos, por fin, dormir!

Casi todas, más precisamente, todas menos dos, en realidad, eran chicas. Entre las personas adultas también, había, en total, siete mujeres y dos hombres más. Está claro que la idea era que nos reprodujéramos lo más rápidamente posible. Y, para ello, se recurría a la poliginia.

A mí me quisieron enseñar técnicas para detectar la ovulación y aumentar la probabilidad de tener descendencia, y, especialmente, femenina. Ya las conocía.

Nos tocaban cinco mujeres por hombre. En la teoría inicial. Siempre que entre los dos bebés no hubiera ningún o ninguna homosexual, claro.

Pero la idea, por lo que vi en las pruebas y en la gente seleccionada, era que nos comportáramos como tribu, sin propiedad privada, y tuviéramos mucha motivación sexual.

¡Y a mí, faltar, no me falta!

Nos hicieran rigurosas pruebas de fertilidad. Yo, a mis 40 años, daba índices de calidad y motilidad espermática mejores que el 90% de chavales de 18 del Planeta. Y una extraordinaria forma física. Siempre me he cuidado, soy, era, vegano desde mis 16 años, bueno vegetariano hasta los 32, entonces di el paso de dejar de explotar del todo animales. Aquí tuve que cambiar mi opción: tuvimos que tirar de recursos animales, aunque no para comer (los bichos de aquí son horribles, de lo menos apetitosos que imaginarse pueda, pero no soy una buena referencia para eso), sí los usamos para podernos vestir y para otros muchos usos.

Pudimos, pude, rescatar muy poco de la nave antes de huir de ella y perderla de vista: se había convertido en un ataúd metálico, duramente mecida por las mareas y las corrientes por ellas generadas.

Durante meses pude ver restos que iban llegando a las costas más cercanas. La di por desaparecida con todos sus (relativos) tesoros.

Yo hacía agricultura biológica en la Tierra (todo lo ecológica que podía hacerse ya en el maltrecho Globo) desde mis 18 años. Supongo que también todo eso influyó en mi selección. Aquí no hay químicos para envenenar los cultivos. Y envenenarnos. El clima, fenomenal. Dulce, subtropical, con lluvias bien distribuidas a lo largo del a... Bueno, salpicando en permanencia.

Sí, me encontré con la responsabilidad de liderar un Nuevo Comienzo. Y me propuse hacerlo lo mejor posible. Tuve que generar un plan alternativo, como podréis imaginar, privado de compañía adulta y todas las previsiones frustradas.

Máxime cuando ni comunicaciones con 18 años de retardo íbamos a poder tener, una vez estropeada la casi totalidad de la electrónica de la nave. Deben de habernos dado por desaparecidas. La misión por fracasada. Tal vez vuelvan a hacer otro intento. Tal vez ya esté en camino.

Así que... Las circunstancias pedían unos nuevos parámetros éticos, comportamentales y sociales.

Los bebés que me acompañaron, eran de entre unos pocos meses y tres años de edad. Ahora las más adultas ya tienen 13.

¡Y me muero de ganas de que se desarrollen y lleguen a ser plenas mujeres!  He pasado casi 30 años de sequía, aunque la mayor parte de ellos no cuenten en mi cronología corporal. Pero los últimos diez sí que han sido de mucho deseo, y frustrado. Aunque no me quedara casi tiempo para pensar en ello.

Una de las niñ... mujercitas, Dakk, ya es madre. Creo que quiso serlo desde que empezó a ayudarme con los bebés. Bueno, más bien desde que ya no quedaron bebés para tener en brazos. Los debía de echar ya de menos según iban creciendo y haciéndose demasiado grandes.

Obvia indicar quién es el padre de la criatura. Ella fue muy precoz en su desarrollo, curiosa y, yo me atrevería a decir, viciosilla, en el mejor sentido de la palabra. En ese que me encanta, por lo mucho que me toca.

Como no existía ninguna presión social contra ello, tan pronto como descubrió su "botón del placer" se tocaba constantemente, sin ningún pudor. Y les enseño a sus compañeras.

Yo me ponía enfermo de verlas disfrutar solas. ¡Con el hambre que yo tenía!

Pero no tardaron en curiosear conmigo. Era el único hombre adulto. Les llamaba la atención mi cuerpo, mi vello, mi musculatura (muy desarrollada tras años de tener que hacer todos los esfuerzo físicos yo solo y poco ocio). Aunque les llevara casi 40 años.

Y, en cuanto las mayores empezaron a tener vello púbico, senos, caderas pronunciadas, nuestras evidentes diferencias y sus porqués se convirtieron en centro de interés. Desde luego no fuy yo quien introdujera o inculcara el interés por el sexo. Me cuidé mucho de hacerlo. Me interesaba, y me interesa, mucho, saber cuánto hay de innato en ello. Y veo que mucho. Muchísimo.

También me propuse nunca dar yo el paso hacia la satisfacción de mis necesidades o deseos sexuales. Al menos no hasta haberlo convenido así con la otra parte, me dieran la libertad para hacerlo o me concedieran el derecho, si así se le puede llamar. Aquí no corro riesgo de ser encarcelado por pederasta, pero no quiero abusar de nadie. Ni admitir que se haga. Ya que estoy al cargo, quiero que esta sea una verdadera Nueva Civilización... civilizada. Pacífica. Respetuosa. Coherente con sus principios y clara, franca.

También hay que decir, que los últimos años, gracias a su creciente apoyo y una forma cada vez más eficaz de organizarnos, tenemos cada vez más tiempo para la "cultura". Cuentos, historias, música...  Sus ávidas mentes me piden de todo en grandes dosis, y su creatividad hace el resto.

Así que, un buen día, Shaki, la segunda mayor, de aspecto oriental, me habló de mis genitales. Bueno, se puso a hacer circunloquios al respecto. Yo la calé y, en buen pedagogo, le pregunté si quería que le enseñara y explicara cómo era mi aparato reproductivo. Igual que hacía con todas sus demás inquietudes o curiosidades. Con claridad. Naturalidad. Todas quisieron saber. Así que, de pronto, heme ahí haciendo de exhibicionista forzado. Ellas habían visto ya los miembros de sus dos compañeros masculinos, a placer. Nunca los vi tocarlos, pero seguro que lo hicieron de forma completamente natural. El mío lo habían visto furtivamente. Muchas veces había detectado miradas hacia mis partes. Y lo entiendo, es de lo más natural. Aunque no se atrevieron a llegar más lejos en ese conocimiento. Tal vez se dedicaran a examinar con más atención los órganos de sus hijitos o hermanitos. Pero, estaban sin desarrollar. Nada que ver con los de un adulto.

Uno de los niños (y constatad que cuando empleo el término es para referirme en exclusiva a los de sexo masculino, tengo especial cuidado en ello, ya volveré al tema), Jock, murió sobre los 5 años, cuando las mayores ya tenían 8. Fue cazado por uno de los depredadores más extendidos en este entorno, al que llamamos mokdun. Es un reptil con aspecto de mamífero, con un gran y duro pico un tanto curvado. Es gregario y caza en manada, como si se tratara de un lobo, en lenguaje de la Tierra. Aunque allí ya no queden más que en tristérrimo cautiverio.

A raíz de aquello pusimos en marcha una campaña de acoso a la especie que limpió el entorno de ella. Una pérdida, además de un varón, ya era excesiva.

El otro niño, Dziongo, de tipo africano, creo que, entre tanta niña, está saliendo muy afeminado. Al menos por el momento. No es que los papeles masulino y femenino estén claramente definidos en nuestra minisociedad, o tribu, pero creo que el chaval no tiene referentes masculinos suficientes, válidos. Yo, en vez de un hombre que le dé ejemplo, que le sirva de modelo, estoy siendo la excepción. El anormal. El Jefe, Padre y, casi, diría Dios. Hago el milagro de cubrir o hacer cubrir todas las necesidades del grupo y soluciono casi todas las incógnitas y problemas. Al menos mientras sean infantes lo suelo conseguir. Ya veremos más adelante. Sus modelos prácticos, reales, cotidianos, son las chicas. Y ellas, más espabiladas, hacen lo que quieren con él. Yo creo que ha salido bastante cortito. A ver si se va enterando de que su papel en esta historia es otro: fertilizar el máximo de hembras. Ya tiene 10 años, espero que empiece ayudarme pronto en la labor.

¡Porque, quedarme a solas con 18 lobas hambrientas...!

Sí, me halaga, me atrae el plan, con el hambre acumulada durante años, pero creo que, aún así, va a haber overbooking aquí.

¡Sólo me faltaría que Dziongo me saliera también pretendiente y no ayudante!

Bueno, olviendo al relato de antes, la enseñanza de esa noche se convirtió en una clase completa de anatomía.

Dakk, la mayor pero un tanto ingenua, me dijo que no entendía cómo yo podía introducir eso en una vagina. Le dije, riendo, que se tenía que poner duro que, así, blando no se podía. Claro, Shaki tuvo que preguntarme cómo ocurría eso y yo, aferrándome a mi precepto básico para la Nueva Civilización de la verdad ante todo, le tuve que decir que, ante determinados estímulos.

— ¿Cuáles?

¡Lo sabía!  ¡Temía que Shaki me iba a preguntar eso!  He criado a mi tribu en una proximidad física constante. Todo el mundo dormía y duerme en una piña, compartimos todo. Casi todo el rato estamos junt@s y no hay tabúes o temas prohibidos y la ropa brilla por su ausencia (salvo algunas prendas que yo guardo para determinadas labores que lo exigen. Así que, en aquella situación, la mente aguda y espontánea de Shaki no tenía barreras para parar su curiosidad. Y no iba a ser yo quien las creara. Va en contra de mis principios.

— ¡Eeeeeeee...! —Vacilé.— Pensamientos, imágenes, el tacto...

No pude continuar: la mano de Shaki ya estaba en mi pene y éste hinchándose al galope. Se lo veía aumentar de tamaño a golpes de arteria. Y mi corazón estaba desbocado. Nadie miraba mi cara, sonrojada. ¡Menos mal! Había otro "centro de atención". Yo sí que me fijé en Shaki, y juro que le vi expresión golosa más propia de actrices porno que de cándida niñita en un planeta ajeno a la comercialización del sexo.

¡Hasta llevó la otra mano a su entrepierna y se comenzó a acariciar, excitada!

¡Para que luego haya quien afirme que l@s menores no tienen implusos sexuales!

Claro, hubo otras manos, yo creo que todas, hasta las de Dziongo, que me tocaron. Era simple, pura y cándida curiosidad. Pero, salvo las dos mayores, el interés del resto de menores menguó de inmediato, y se pusieron a otra cosa, a jugar.

Dakk miraba a Shaki, a mi miembro, a mí (cada vez más caliente con el masajito que la chinita, que es como la llamamos, me estaba dando en sincronía con el que se proporcionaba a sí misma)...

Dakk empezó, yo creo, a calentarse. Volvió a ponerme las manos, cosa que aprovechó Shaki para retirar las suyas y estimularse a dos manos, entrecerrando los ojos y mordiéndose el labio inferior (el de la boca, no sé qué hacía con el resto de ellos, que yo bastante tenía con no explotar) en su concentración.

Pero, por su forma de atacarse, uno o varios dedos de una mano jugaban dentro y uno o varios de la otra por el exterior. ¡Ella sabía bien lo que hacía!

La mayor tardó poco en imitar a la segunda, a una mano, primero. Esta, Shaki, la más curiosa e insaciable, sin duda, acercó, primero, su nariz y luego su lengua a mi miembro. Dakk la dejó hacer y la imitó en su anterior "maniobra a dos manos". Parecía que la segunda en edad mostraba el camino a la mayor. Y esta se dejaba guiar.

Nadie nos miraba. El resto se había diseminado por toda la cueva. Nosotras seguíamos de pie, cerca de las brasas de la hoguera, teñidas (y tiñéndonos) en colores ígneos.

Las vi orgasmar, primero Dakk. Cerró los ojos, orientó la cabeza hacia arriba, abrió la boca y emitió gemidos crecientes de placer. Estaba como aislada en su paraíso extático.

Me pareció que aquello molestó a la líder natural del grupo, Shaki, que se lanzó a un torbellino de frotamientos, de grititos y estertores: su rostro ruborizado mostraba a las claras su excitación. Me miró a los ojos y, mientras seguía en su meseta (coordinada, aparentemente, con la de Dakk, que debía de estar ya en su segunda cumbre, dadas sus expresiones), se puso a frotarme con redobladas ganas.

Yo, por mi parte, no pude aguantar más. Mis líquidos salieron disparados y le debieron de dar en toda la cara. En ese instante yo estaba con los ojos cerrados, pero, al abrirlos, ella estaba cubierta de mi semen, y, por las evidencias, eso la llevó a un nuevo clímax, más fuerte aún.

Estoy convencido de que en alguna parte de su inconsciente (o "subconsciente", no sé si, en realidad, hay diferencias) ella tenía grabadas imágenes que debía de haber visto antes de la pausa de 18 años de viaje. Puede que, bebé, sorprendiera a su madre en acción. O vete a saber si no le ponían experiencias porno para dormirla o evitar que berreara, de bebé. Ya conocí casos de esos: bebés enchufados al canguro electrónico.

Me refiero al casco de interferencia multisensorial que tanto se usaba (y del que tanto se abusaba) en nuestros últimos tiempos en Tierra. Había mucha gente que se había vuelto adicta a experimentar otras vidas o situaciones. Era la nueva droga, había hasta quien mataba por ella. Y quien moría con ella, por descuidar su cuerpo físico. Creo que había mucho interés por parte de los dirigentes de aquella sociedad para alienar así a la gente. Algo que todas las civilizaciones, sobre todo los imperios, han hecho durante la historia: engañar a las masas, distraerlas, entretenerlas.

No sé de dónde le venía todo aquello a Shaki, pero... aquello sonaba a montaje. Me resisto a pensar que pudiera ser pura iniciativa suya. Parecía demasiado preparada.

Hasta llegué a penar que la organización de nuestra expedición interplanetaria podía estar detrás de aquella preparación y motivación extra. Pudieron ser esas mismas personas quienes enchufaran a uno o varios bebés a los dichosos aparatos de experimentación vital artificial para que los bebés supieran lo que tenían que hacer desde muy temprana edad. Y tuvieran muchas ganas para ello. Sin duda, reproducirnos fuertemente y alcanzar cuanto antes la masa crítica necesaria para garantizar nuestra viabilidad estaba en juego.

Bueno, volviendo al día de autos, o de vertidos inesperados... paulatinamente, mi respiración se fue regularizando. Shaki jugaba a dos manos con mi pene, curiosa de su nuevo cambio de consistencia, y con mis líquidos. ¡Los cataba!  ¡Y le parecían gustar!

Dakk la imitó un poco, tocó, olfateó, probó, pero no se vio tan atraída. Pasó a frotarse de nuevo.

Ese debió de ser el momento en que ella fue polinizada. Aún virgen (en lo que a penetración viril respecta, eso lo puedo asegurar), pero ya fértil (lo sabíamos desde casi un año antes), con las manos untadas en mi prolífica semilla, se inseminó artificialmente. Así que, me convirtió en padre.

En diferido. Muy angélico y evangélico todo.

Bueno, más adelante sí que quiso jugar a otras cosas, con su realidad cada vez más centrada en la reproducción y el sexo, se interesó por todo lo relacionado. Pero en eso, otra vez, fue Shaki la pionera.

Porque dormíamos, como siempre desde los primeros días de nuestra estancia allí, en piña. 20 bebés, sin contacto piel-piel, eran un berrinche constante y contagioso. Mientras que en colecho, dormir resultaba agradable, seguro (espantábamos a posibles depredadores) y relajante.

A partir de nuestra primera experiencia sexual compartida, casi permanentemente, Dakk y Shaki coincidían junto a mí al dormir. A menudo ellas se masturbaban sin ningún complejo (yo aún continuaba a buscar la cada vez más difícil soledad para descargar mis ansias) y una y otra, a menudo, me echaban mano en cualquier momento, se pegaban a mí, me acariciaban y pedían que las acariciara, fuera de palabra o de gesto. Incluso una noche Shaki se frotó la entrepierna en mi muslo, hasta el clímax, y otra, como jugando a peleas, me puso, directamente, su sexo en la cara. Yo lo caté, ella se mostró encantada y se entregó de inmediato a la nueva forma de (hacerla) gozar. Le hice el cunnin, con gran placer (mutuo), mientras Dakk jugaba a estimularme con una mano y a sí misma con la libre.

Cuanto más lo pienso, más probable veo que ambas planea(ba)n juntas este tipo de experiencias, al menos lo habla(ba)n, pues, cuando pasa(ba)n a la acción se comporta(ba)n con una coordinación asombrosa.

Noches más tarde, fue, otra vez, Shaki, quien se puso a horcajadas sobre mí y jugó a estimularse en su vulva con mi pene. Por supuesto, éste reaccionó de inmediato y con toda profesionalidad. La chica hizo amagos de introducírselo. Todo esto bajo la atenta supervisión de Dakk, visiblemente excitada con la novedad.

No lo tuvo que repetir más que una vez, para ponerse a cien con mi pene a las puertas (y yo a mil), por lo que, en sus vaivenes, terminó por introducirse mi miembro, ella bien lubricada y mi falo otro tanto con sus jugos. ¡Horror! Temí que se hubiera hecho daño cuando se quedó paralizada y soltó una ruidosa y profunda inspiración. Me asusté.

— ¡Shaki! ¿¡¡¡Estás bien!!!? —Le espeté, preocupado.—¡Oh! ¡Dios! ¡¡¡Perdona!!!

Ella ni se movía, abrió los ojos despacito, esbozó un atisbo de sonrisa y pasó a morderse el labio inferior. En breve, y gradualmente, recuperó su ritmo con gran frenesí, y a juzgar por sus gestos y expresiones, hizo varias veces cumbre (yo dos) antes de dejarlo, agotada. La "veterana", a mi costado, no perdía detalle, pues, como iba volviéndose habitual, días después la iba a imitar.

Aquella noche, con dejarse estimular por mis dedos y acariciarme, tuvo suficiente.

Las dos quedaron inmediatamente y profundamente dormidas. Yo salí a mirar "la luna" (si es que se podía llamar así a un pedazo de planeta tan grande como la propia Nueva Tierra), que ocupaba una sexta parte del cielo visible y que tan divertido volvía, a ratos, caminar, mientras que otros, lo convertía en una ardua tarea.

El lugar era precioso, y mi vida, ahora que contaba con verdaderas ayudantes (incluyo a Dziongo, aunque no entre mis sostenes principales, desde luego) y, desde hacía poco, con dos apasionadas amantes que parecían querer cubrir casi una década de ascetismo y abstinencia en ese campo.

Mía y de ellas, bueno, de Shaki.

¡Ambas tan bellas, y ambas tan diferentes!

Dakk es de tipo nórdico: muy rubia, de piel clara, ligeramente pecosa, de trazos finos pero elegantes, de escaso y rubio vello. Tirando a alargada, sobre metro sesentaypocos. Tenía pequeños y puntiagudos senos que, en breve, iban a engordar, claro, cosa de hormonas. Progesterona se llaman.

Shaki, sin ser voluptuosa, tiene formas algo más femeninas, más curvas, es más bajita (sobre metro y cincuenta y cinco) y de piel tirando a cobriza. Su lacia cabellera negra evidencia su ascendencia, creo, nipona. Nada de china, pero, ya se sabe, se suelen meter a todos los vecinos en el mismo saco.

Sus senos apenas despuntaban, con areolas y pezones oscuros. Ahora ya está mejor equipada, claro.

Justo al día siguiente, o al otro, puede ser, de nuestra primera experiencia (compartida) ella tuvo su primer periodo. Así que, a ese ritmo, en breve iba a ponerse también a jugar a las mamás, junto a su inseparable amiga.

Es y era muy ingeniosa, inteligente y directa en sus deseos e ideas. Mientras que Dakk era más soñadora, a veces parecía ausente. Ambas se llevaban muy bien y se complementaban.

Ahora también conmigo. En otro terreno. En uno abrupto, salvaje, primario y apasionante.

¡Si me lo hubieran contado unos meses, incluso unas semanas, antes!

Esa entrañable noche, extasiado por el baño de luz azulada que nuestro planeta hermano nos lanzaba, respiraba el fresco aire del anochecer.

Nuestro sol principal nos quedaba a la espalda, por lo que... ¡Mierda!  ¡No le habíamos puesto aún nombre!  ¡Eso había que remediarlo!

Al día siguiente, durante el desayuno, que, como de costumbre (introducida por mí, claro), consistía en deliciosas y jugosas frutas recolectadas a poca distancia de nuestro hogar, expuse mi propuesta:

— Necesitamos un nombre para nuestro planeta y otro para el vecino!

Cayeron varias propuestas poco convencidas y, por lo tanto, poco convicentes. Pero, de golpe, con una naturalidad pasmosa y una seguridad a toda prueba, como si se tratara una obviedad, algo de lo más evidente, alguien soltó:

— Goittok y Suttok.

Era Jannek, la jovencita de 10 años que ya considerábamos la hermana natural de Dakk, tan iguales son.

Lo dijo sin levantar la vista de lo que estaba haciendo: una criba entre un montón de piedrecitas que había extendido ante ella. Eran del tipo de gravilla blanca con que cubríamos el suelo de algunos lugares, con el fin de impedir la formación de barro en tramos muy frecuentados por los miembros de la tribu. Pasaba una mano por encima de las chinas y retiraba las discordantes por volumen o por demasiado puntiagudas.

Su propuesta nos pareció tan natural como si se hubiera limitado a revelarnos su propio nombre, como si sólo se hubiera limitado a leer un cartel enorme en cada uno de esos globos, un letrero en una lengua que sólo ella podía descifrar.

Y todo el mundo comprendió que Suttok era lo que teníamos bajo los pies y Goittok delante, tres veces por día.

Aquí toca aclarar que el día de Suttok es de unas 25 horas terrestres. Y el año, terminamos por determinar que constaba de 250 días suk (de Suttok). Los relojes de la Tierra no servían, pues. Así que terminé olvidándolos. Y ellas ni los conocieron.

Lo de 25 (horas) y 250 (días) resultó chistoso, como si alguien lo hubiera programado. Pero nos venía y viene de maravilla. De forma que continuamos con el sistema decimal para los demás parámetros.

Lo que sí hicimos fue dividir el día suk en 100 horas suk, y cada hora en 100 minutos suk. No nos hacían falta segundos, porque lo teníamos verdaderamente difícil para medirlos, pero cada minuto suk constaba, evidentemente de 100. Eso facilitaría los cálculos de tiempo y de velocidad, el día que los hiciéramos. ¡Todo un milagro matemático!

Naturalmente la coletilla suk, que empleo en este escrito, sobra en Suttok. Se sobreentiende.

Esa mañana, terminamos poniendo nombre también a nuestro sol: Bero.

Con el tiempo, ese tipo de experiencia de revelación colectiva, de comunión, se fue haciendo cada vez más frecuente. Os contaré casos.

La siguiente vez fue una ocasión en que salimos de colecta, de paseo recolector.

(CONTINUARÁ)

...

Ger GERTZEN